BIRMANIA Y CAMBOYA


Guantanamera, guajira, Guantanamera... No, no creáis que nos hemos equivocado de canción. Lo que sucede es que al son de esta música cubana fuimos recibidos al llegar a Camboya por un guía que fue capaz de borrar con su simpatía y vitalidad todo el cansancio de un día de largo viaje..

Birmania es totalmente distinto a cualquier otro país que hayamos visitado. Probablemente la razón sea su aislamiento del resto del mundo hasta hace aproximadamente una década, y que lo han mantenido alejado de la trepidante vida moderna de sus vecinos países.

Nos fascinaron el oro de sus pagodas, el fervor religioso de sus creyentes, los mercados y la mirada de sus gentes. Ojos rasgados, teces oscuras... un paseo por Yangon te conduce tanto al canto de un muecín como al repicar de las campanas budistas.

Sin embargo el mayor atractivo de un viaje a Birmania es la amabilidad que se halla a diario. No como un tópico, sino como una realidad inevitable. Pero, sobre todo, recorrer el país supone una experiencia en el tiempo. "Al aterrizar en Yangon desde Bangkok hay que retrasar 30 minutos el reloj y 30 años la historia". Y es que Birmania se encuentra en una era anterior a la llegada del turismo de masas. Donde todavía uno puede sentirse protagonista de una aventura maravillosa.

Recuerdo una atardecer en Mandalay, deslizándonos sobre las quietas aguas de un gran río, el cielo encendido en rojos, anaranjados que se volvían violetas y las caras de mis compañeros extasiados por la belleza. Creo que son estos instantes de suprema belleza los que nos regeneran, descansan y nos permiten enfrentar el futuro con una actitud nueva. Sigilosamente el silencio y la paz se adueñó de nuestra mente. Para mí fue un momento extraordinario. Y cuando creíamos que el viaje había concluido llegamos a Camboya.

Había sido un día muy largo, de Yangon volamos a Bankong y de allí a Siamp Rep. Cansados y hartos de tramites aduaneros encontramos nuevamente el entusiasmo y la vitalidad de la mano y como no la voz de nuestro guía Mr. Sarath quien con sus cantos, historias y entusiasmo fue como agua fresca que avivó nuestros espíritus.

Al día siguiente visitamos las más fascinantes y misteriosas ciudades abandonadas del Sudeste de Asia. Ciudades invadidas por la selva, salpicadas de templos. Tupidos bosques adornados con tapices petrificados de una belleza y perfección asombrosa.

Estoy feliz de tener amigos como vosotros, de descubrir el mundo juntos. Gracias por vuestras risas, por vuestro afecto. Añoro el reencuentro. Hasta pronto.

Frederic Solergibert


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