LUGARES SAGRADOS. LUGARES DE PODER
Lourdes y sur de Francia


El pasado mes de diciembre y en compañía de buenos amigos atravesamos el Valle de Aran para viajar al sur de Francia y visitar Lourdes y Pau. Un viaje entrañable cargado de energía, sanación y amistad.

La felicidad tiene un precio: la toma de responsabilidad de la propia vida. Siempre exige la certeza de que cada uno de nosotros somos los únicos autores de nuestro destino. Es ahí donde entra en escena la vida, ofreciéndonos pruebas para que podamos comprender que es la Inteligencia Infinita la que se realiza en nosotros a través de nuestra existencia. Por ello hemos de ser muy cuidadosos de no realizar acciones que no sólo puedan destruir nuestra vida, sino que no la perjudiquen, ni la desmejoren. Viviendo con alegría y placer, impulsando aquellas iniciativas que nos engrandecen, aportando júbilo y realización a nuestra vida.

Todos anhelamos la felicidad, la paz. Añoramos experiencias de amor cuando este se ausenta de nuestra vida. Los héroes de la antigüedad atravesaban el mundo conocido en busca del agua de la vida eterna, aquella agua que era consuelo de tristezas y alivio cuando no de curación. Y como héroes de una moderna epopeya partimos de diferentes lugares: Barcelona, Madrid, Zaragoza, Logroño y Gran Canaria, personas de diferentes lugares pero unidos por un propósito común: Compartir, descubrir, participar. Tres palabras que quizás desde la fría teoría no aporten mucho, pero que cuando se implementan tienen la capacidad de promover grandes cambios en nuestra vida.

Ya había anochecido y hacia frío. La explanada del santuario aparecía increíblemente vacía. Caminábamos despacio atravesándola, para luego girar a la izquierda. Una gran gruta iluminada por las velas destacaba a los pies de la basáltica montaña.

Entramos en ella y como si cruzáramos una invisible puerta nos adentramos en un mundo diferente. Nuestra mente fue silenciada por el espíritu de la calma, de la paz que trasciende todos los problemas, mientras una oleada de entendimiento y armonía se levantaba en nuestras conciencias.

No puedo llorar por algo que no puedo alterar. Nadie nunca fracasa en la vida. Soy un ser eterno y de experiencia en experiencia aprendo a mejorar. Haga sol o llueva en mi vida puedo escoger tener buen humor.

La paz tiene el poder de reencontrarnos con nuestra eternidad. No es que nos susurre mensajes desde una extraña dimensión sino que nos permite contemplar nuestro mundo con unos ojos nuevos, con la mirada del espíritu que nos anima a persistir en nuestro camino y da perspectiva a nuestra vida.

En un lugar como Lourdes, donde algunos sólo ven la religión, otros encontramos el lugar sagrado y el lugar de poder tocado por la presencia de la Divina Madre, un lugar diminuto del que bastan dos pasos para salir de él, pero que tiene la fuerza de mover el interior hasta provocar lágrimas sanadoras en todo aquel que se detiene y escucha. Más allá de las creencias la experiencia de la energía es sanadora dentro y fuera del cuerpo. Compartiendo los lugares donde más energía sentíamos, meditando en grupo e individualmente pasaron volando estos días, donde la espiritualidad, la buena comida y los amigos estaban en perfecta armonía ¿No es eso la felicidad?


Si deseas ver todo el recorrido que se realizó durante este viaje, así como las especiales característica que tuvo, haz click aquí.

 

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